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En la barra de la Taberna El Nº 10, auténtico templo en el corazón de la Judería dedicado a la excelencia de los vinos de Montilla-Moriles y su maridaje con la mejor cocina de Córdoba, se da con cierta frecuencia una anécdota simpática entre parroquianos y visitantes. Y es que muchos turistas se sorprenden cuando un cordobés pide un medio de vino y le sirven una copa completamente llena de Montilla-Moriles. Muchos preguntan: “¿por qué han llenado la copa hasta arriba si ha pedido un medio?”. La respuesta en sencilla: el medio se refiere a una unidad de medida.

Y es que en Córdoba el medio es igual a medio cuartillo de litro. Y, para una medida más estándar, se pide una copa de vino, en la que se rellena solamente hasta la mitad. En la Taberna El Nº 10 respetamos las tradiciones de consumo de los vinos de Montilla-Moriles, y por ello siempre recurrimos a catavinos con borde fino, porque dejan las llamadas lágrimas en el borde. Esas pequeñas gotitas que se quedan adheridas al cristal, y que tanto gustan a los buenos aficionados a los caldos de nuestra comarca.

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En primer término, dos copas de Montilla-Moriles impecablemente servidas en nuestra taberna.

De igual forma, existen unas costumbres muy marcadas a la hora de determinar la temperatura del vino. En Córdoba es tradición tomar el vino a temperatura ambiente, especialmente en invierno. El tórrido verano cordobés impulsa a muchos a enfriar sus copas, aunque los más sibaritas afirman que así se pierde propiedades como el aroma o el sabor. Aunque cada vez está más extendida la costumbre de pedir mitad y mitad: una parte fría y otra natural. Así se conserva fresco, como debe consumirse. Nuestro consejo es saciar la sed estival con una buena caña de cerveza (‘regar la plaza’, como se dice en Córdoba) para luego degustar un medio de excelente Montilla-Moriles de nuestra taberna.

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